Muchas personas llegan a la consulta con una sensación difícil de explicar: tienen dolor, limitación o pérdida de función, pero las pruebas no siempre justifican completamente lo que sienten.
A lo largo de los años, estas preguntas se han repetido una y otra vez y han guiado mi forma de estudiar el dolor persistente.
Con los años comprendí que muchas veces la pregunta era tan importante como la respuesta.
Algunas observaciones no encajaban del todo con lo aprendido: pacientes que seguían sufriendo pese a pruebas correctas, síntomas que desaparecían por caminos inesperados y fenómenos aparentemente inconexos que se repetían demasiadas veces.
De esa forma de mirar nació una línea clínica propia y, más tarde, el desarrollo de las grapas metaméricas. No para responderlo todo, pero sí para abrir una explicación funcional a muchos dolores persistentes.